A los hermanos y hermanas que han sido llamados a vivir en Cristo en medio de esta generación: gracia, paz y comunión sean con ustedes.
Doy gracias a Dios por ustedes y ruego que la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca cada día en sus corazones; porque conocen el amor con que fueron amados y el precio que fue pagado para que recibieran vida.

Hermanos, no permitan que las preocupaciones de este mundo hagan olvidar las cosas eternas. Porque Cristo, siendo rico, se hizo pobre por amor a nosotros, para enriquecernos con una riqueza que este mundo no puede ofrecer. Si hemos recibido gratuitamente su gracia, ¿cómo podremos negarla a quienes nos rodean?
Les ruego, pues: sean bondadosos con quien ha caído, pacientes con quien todavía está aprendiendo, misericordiosos con quien ha errado y dispuestos a perdonar a quien los ha lastimado. Que la gracia que recibieron de Cristo se convierta en gracia ofrecida al prójimo.
Recuerden también que Dios es amor. No digan solamente que aman a Dios; permitan que sus acciones lo demuestren. Amen en sus hogares, en sus iglesias, en sus escuelas y lugares de trabajo. Amen cuando resulte sencillo y también cuando hacerlo demande sacrificio. Porque el verdadero amor no busca únicamente palabras agradables, sino el bien del otro.
No permitan que las diferencias destruyan la comunión que el Espíritu desea producir entre ustedes. Hay demasiadas voces dividiendo al mundo; sean ustedes una voz de reconciliación. Donde exista una herida, procuren restaurar; donde haya tristeza, animen; donde encuentren discordia, lleven paz; donde haya soledad, ofrezcan compañía; y donde encuentren resentimiento, sean los primeros en extender la mano.
No se engañen, amados hermanos: conocer la verdad sin vivirla no cumple el propósito para el cual la recibieron. Los principios eternos del Reino deben hacerse visibles en las pequeñas decisiones de cada día.
Por tanto, tengan gozo. Busquen la restauración. Anímense unos a otros. Procuren un mismo sentir y vivan en paz.
Que sus familias puedan reconocer a Cristo por la manera como ustedes aman. Que sus compañeros descubran la gracia por la manera como ustedes perdonan. Que sus iglesias experimenten la presencia del Espíritu por la manera como ustedes viven en comunión.
Porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo obran unidos por nuestra salvación; así también nosotros hemos sido llamados a vivir unidos para cumplir la misión que nos ha sido encomendada.
Y cuando el egoísmo de este mundo les diga: «piensa primero en ti», recuerden a Jesús.
Cuando el resentimiento les diga: «no perdones», recuerden la gracia.
Cuando la indiferencia les diga: «ese problema no es tuyo», recuerden el amor.
Cuando las diferencias les digan: «aléjate de tu hermano», recuerden la comunión del Espíritu.
Vivan, pues, aquello que han recibido.
Que la gracia transforme sus corazones, que el amor gobierne sus decisiones y que la comunión del Espíritu sea visible en sus relaciones.
Y que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario