martes, 14 de julio de 2026

Carta 3 - Unidos en Cristo

A los santos y fieles hermanos de la Iglesia, llamados por Dios para anunciar el evangelio eterno en estos últimos días:

Gracia y paz sean multiplicadas a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

No ceso de dar gracias por vuestra fe, por vuestro amor hacia la verdad y por el anhelo que tenéis de esperar el glorioso regreso de nuestro Salvador. Sin embargo, también os ruego, como en otro tiempo hice con la iglesia de Corinto, que habléis todos una misma cosa y que no haya entre vosotros divisiones, sino que permanezcáis perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo propósito.

He sabido que, en ocasiones, algunos ponen mayor confianza en hombres que en Cristo; otros defienden opiniones personales con más pasión que el evangelio; y no faltan quienes permiten que las diferencias opaquen el amor fraternal. Hermanos míos, ¿acaso está Cristo dividido? ¿Fue algún dirigente crucificado por vosotros? Recordad que todos habéis sido comprados por la sangre del Cordero y llamados a formar un solo cuerpo.

No permitáis que el orgullo, el deseo de reconocimiento o el apego a líderes humanos ocupen el lugar que pertenece únicamente al Señor. Los ministros son solamente servidores y administradores de los misterios de Dios. El único fundamento firme sobre el cual puede edificarse la iglesia es Jesucristo.

Buscad, pues, la sabiduría que desciende de lo alto y no la que ofrece este mundo. La verdadera madurez espiritual no consiste en el conocimiento acumulado ni en los cargos desempeñados, sino en reflejar el carácter de Cristo, quien se humilló a sí mismo, sirvió con amor y entregó su vida por la salvación de todos.

Si alguno de vosotros es llamado a dirigir, hágalo con espíritu de servicio. Si alguno enseña, que enseñe con humildad. Si alguno corrige, que lo haga con mansedumbre. Y si alguno sufre por causa del evangelio, no desmaye, porque participar de los padecimientos de Cristo es también participar de su gloria.

Vivís en tiempos solemnes. El mundo observa vuestro testimonio. La unidad de la iglesia será una de las evidencias más poderosas de que Cristo vive y dirige a su pueblo. Por ello, rechazad toda contienda, evitad las rivalidades y esforzaos por conservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

Finalmente, hermanos, permaneced firmes en la verdad presente, abundad en el amor, perseverad en la misión y esperad con gozo la pronta venida de nuestro Señor Jesucristo.

La gracia del Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

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