A los santos y fieles hermanos de la Iglesia, llamados por Dios para anunciar el evangelio eterno en estos últimos días:
Gracia y
paz sean multiplicadas a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo.
He sabido
que, en ocasiones, algunos ponen mayor confianza en hombres que en Cristo;
otros defienden opiniones personales con más pasión que el evangelio; y no
faltan quienes permiten que las diferencias opaquen el amor fraternal. Hermanos
míos, ¿acaso está Cristo dividido? ¿Fue algún dirigente crucificado por
vosotros? Recordad que todos habéis sido comprados por la sangre del Cordero y
llamados a formar un solo cuerpo.
No
permitáis que el orgullo, el deseo de reconocimiento o el apego a líderes
humanos ocupen el lugar que pertenece únicamente al Señor. Los ministros son
solamente servidores y administradores de los misterios de Dios. El único
fundamento firme sobre el cual puede edificarse la iglesia es Jesucristo.
Buscad,
pues, la sabiduría que desciende de lo alto y no la que ofrece este mundo. La verdadera madurez espiritual no consiste
en el conocimiento acumulado ni en los cargos desempeñados, sino en
reflejar el carácter de Cristo, quien se humilló a sí mismo, sirvió con amor y
entregó su vida por la salvación de todos.
Si alguno
de vosotros es llamado a dirigir, hágalo con espíritu de servicio. Si alguno
enseña, que enseñe con humildad. Si alguno corrige, que lo haga con
mansedumbre. Y si alguno sufre por causa del evangelio, no desmaye, porque
participar de los padecimientos de Cristo es también participar de su gloria.
Vivís en
tiempos solemnes. El mundo observa vuestro testimonio. La unidad de la iglesia será una de las evidencias más poderosas de que
Cristo vive y dirige a su pueblo. Por ello, rechazad toda contienda, evitad
las rivalidades y esforzaos por conservar la unidad del Espíritu en el vínculo
de la paz.
Finalmente,
hermanos, permaneced firmes en la verdad presente, abundad en el amor,
perseverad en la misión y esperad con gozo la pronta venida de nuestro Señor
Jesucristo.
La gracia del Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.
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