jueves, 27 de agosto de 2026

Carta 9: L9T32026

Carta a una iglesia impulsada por el amor

A los hermanos y hermanas amados en Cristo: gracia y paz sean con ustedes.

Doy gracias a Dios cada vez que recuerdo que, aun en medio de las tribulaciones, Él continúa siendo el Padre de misericordias y el Dios de todo consuelo. Por tanto, no guarden para ustedes el consuelo que han recibido; compártanlo con quienes hoy atraviesan aflicción, porque quien ha sido consolado por Dios puede convertirse en instrumento de consuelo para otros.

Les ruego también que examinen las intenciones de su corazón. No sirvan buscando reconocimiento, ni hablen procurando agradar a los hombres. Sean sinceros y íntegros, confiando en la gracia de Dios. Que sus palabras y sus acciones puedan permanecer delante del Señor con una conciencia limpia.

Y si alguna vez sus planes cambian, no piensen que todo cambio significa falta de fidelidad. Pablo mismo tuvo que modificar sus planes buscando el bien de aquellos a quienes amaba. Aprendan, pues, a ser flexibles cuando las circunstancias lo requieran, sin abandonar los principios del evangelio.

Pero especialmente les exhorto acerca de aquellos que han caído. No ignoren el pecado, porque el amor verdadero también sabe corregir. Sin embargo, tampoco permitan que la disciplina se transforme en crueldad. Cuando alguien se arrepienta, perdonen y reafirmen su amor, para que el dolor no termine consumiendo a quien necesita ser restaurado.

Finalmente, hermanos, no permitan que las dificultades les hagan olvidar quién dirige la obra. Dios es quien nos conduce al triunfo en Cristo. Allí donde estén, permitan que sus palabras, decisiones y acciones sean como una fragancia que dé a conocer a Jesús.

Que nadie pueda acercarse a ustedes sin percibir algo del amor que Cristo ha derramado en sus corazones.

Permanezcan firmes, sirvan con sinceridad, corrijan con amor, perdonen con gracia y vivan para Cristo.

Con amor entrañable en el Señor,

Un servidor de Cristo

No hay comentarios:

Publicar un comentario