domingo, 28 de junio de 2026

Carta 1 – L1 T3 2026

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y hermano de todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a la iglesia de Dios que peregrina en estos últimos días, a los que esperan la manifestación gloriosa del Señor y guardan sus mandamientos:

Gracia y paz sean a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Doy gracias a mi Dios cada vez que escucho de vuestra fe, de vuestro celo por anunciar el evangelio y de vuestro deseo de permanecer firmes en medio de un mundo que, como en mis días, llama bueno a lo malo y desprecia la verdad. Porque el Señor no ha dejado de tener un pueblo que le sirve con sinceridad, aunque viva rodeado de una generación que no le conoce.

Hermanos míos, os escribo no para condenaros, sino como a hijos amados. Porque, así como Corinto era grande en comercio, riqueza y sabiduría humana, también vuestro tiempo se gloría en el conocimiento, la tecnología y el poder. Sin embargo, ¿de qué aprovecha al hombre conocer muchas cosas si deja de conocer a Cristo? ¿Y qué beneficio hay en llenar la mente de información si el corazón permanece vacío del Espíritu?

No ignoréis que el enemigo sigue usando las mismas armas. Si antes levantó templos a los ídolos, hoy levanta altares al orgullo, al placer, al materialismo y a la autosuficiencia. Si antes dividía a la iglesia diciendo: "Yo soy de Pablo", "yo de Apolos", hoy también procura que unos sigan a hombres, otros a opiniones y otros a tradiciones, olvidando que todos sois de Cristo, y Cristo es de Dios.

Os ruego, pues, que el mensaje de la cruz no sea solamente una doctrina que defendáis, sino la vida que viváis. Porque no fui enviado a exaltar mi nombre, sino a predicar a Jesucristo, y a este crucificado. Si el mundo busca señales y sabiduría, vosotros buscad la humildad del Cordero y el poder del evangelio.

Sé que algunos entre vosotros sienten cansancio. Hay quienes piensan que el corazón de las ciudades ya no puede ser alcanzado, que las nuevas generaciones no escucharán la voz del Señor y que la misión se hace cada vez más difícil. Pero recordad las palabras que el Señor me habló cuando yo también tuve temor: "No temas; sigue hablando y no calles, porque yo estoy contigo, y tengo mucho pueblo en esta ciudad."

Creed esta promesa. Todavía hay hombres, mujeres, jóvenes y niños que el Señor está llamando. Vuestra tarea no es contar cuántos responderán, sino sembrar fielmente la semilla del evangelio.

No descuidéis tampoco el amor entre vosotros. Corregid con mansedumbre, servid con alegría y soportaos unos a otros. Una iglesia llena de conocimiento, pero vacía de amor, ha olvidado el espíritu de Cristo.

Finalmente, hermanos, permaneced firmes en la esperanza bienaventurada. Que vuestra adoración sea sincera, vuestra misión constante y vuestra vida un testimonio de la gracia que habéis recibido. Mirad todas las cosas a través del evangelio y no permitáis que el espíritu del mundo moldee el carácter de la iglesia que Cristo compró con su sangre.

La gracia del Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Mi amor en Cristo Jesús sea con todos.

Amén.

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