viernes, 7 de agosto de 2026

Carta 6 – L6T32026

A los amados hermanos y hermanas que sirven al Señor con sincero corazón:

Gracia y paz sean multiplicadas a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Doy gracias continuamente a mi Dios por vuestra fe y por el deseo que habéis manifestado de servir en la obra del Evangelio. He sabido de vuestro anhelo de honrar al Señor y de emplear los talentos que Él os ha confiado. Por ello ruego que el Espíritu Santo fortalezca vuestro entendimiento para que ninguno ignore la excelencia de los dones que Dios reparte conforme a su voluntad.

Dones espiritules de romanos | PPTX

Hermanos míos, no olvidéis que así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, también la iglesia de Cristo está formada por personas diferentes, llamadas a un mismo propósito. Ningún miembro puede decir al otro: "No te necesito", porque el Señor ha dispuesto cada uno en el cuerpo para beneficio de todos. Si uno sufre, todos sufren; si uno es honrado, todos se alegran juntamente.

Os exhorto, pues, a no buscar los dones para vuestra propia exaltación, ni a medir la espiritualidad por aquello que impresiona a los hombres. Recordad que toda capacidad procede de Dios y que el mayor reconocimiento no está en ser vistos, sino en servir con fidelidad.

Y si alguno posee sabiduría, úsela para enseñar; si otro tiene el don de servir, hágalo con diligencia; si alguno anima, fortalezca al desalentado; si canta, que su alabanza conduzca los corazones a Cristo; si habla, que sus palabras edifiquen; y si dirige, hágalo con humildad, sabiendo que el verdadero Señor de la iglesia es Jesucristo.

Pero os mostraré nuevamente un camino más excelente: el amor. Porque aunque alguno hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, conociera grandes misterios o tuviera una fe admirable, nada aprovecharía si el amor no gobernara sus acciones. El amor es paciente cuando otros fallan; es bondadoso cuando podría responder con dureza; se alegra con la verdad, soporta las cargas de los hermanos y nunca busca su propia gloria.

Por tanto, procurad los dones espirituales, pero buscad ante todo que ellos produzcan unidad, consolación y crecimiento en la iglesia. Que cada reunión fortalezca la fe de los creyentes y acerque a quienes aún no conocen al Salvador. Así la diversidad de ministerios será un testimonio vivo del carácter de Cristo.

Finalmente, hermanos, permaneced firmes en la fe, abundando siempre en la obra del Señor. Que ninguno desprecie el don que ha recibido ni envidie el de otro. Antes bien, servíos unos a otros con el don que cada uno ha recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros ahora y hasta el día de su gloriosa venida.

Amén.

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