sábado, 30 de abril de 2016

Instrucciones sencillas de Dios

“El que atiende la instrucción halla el bien, y el que confía en el Eterno es feliz.” Proverbios 16:20
            Muchas personas consideran que las indicaciones dadas por Dios, no son tan fáciles de seguir. Piensan que las instrucciones son una carga y no un alivio para sus angustiadas vidas. Se desaniman cuando consideran que sus metas no serán alcanzadas con las estrategias que han elegido. La frustración se hace presente en el momento que encuentran que las instrucciones de Dios, aparentan un ramillete de razonamientos “ilógicos”.
            En el registro bíblico, encontramos algunos pasajes que en su momento alguien pudo resumir en una idea descabellada e irracional. Consideremos el relato contenido en Josué 6:1-5. El sucesor de Moisés recibe instrucciones de Dios y reúne al pueblo de Israel para informarle y comparte lo siguiente:
            “Jehová me ha instruido que tomemos Jericó. El plan a seguir es el siguiente: debemos integrar escuadrones que marchen alrededor de la ciudad; colocaremos a los hombres de guerra primero y los sacerdotes después. Marcharemos alrededor de la ciudad una vez cada día hasta completar seis días. El séptimo día marcharemos siete veces alrededor de ella. Al finalizar la séptima vuelta, el escuadrón de cuernos de carnero hará sonarlos, daré la señal y todos gritaremos al unísono. Entonces los muros de la ciudad caerán y cada uno correrá hacia la cuidad para tomarla.”
Leer: ”¿Quién es una persona de éxito?”, en: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2016/01/quien-es-una-persona-de-exito.html

            Tras estas instrucciones, puedo suponerme que unos a otros se miran atónitos. Alguien levanta la mano y pide la palabra. Tras asentir Josué, esta persona pregunta si no se van a construir escaleras para trepar por los muros de la ciudad. Josué le contesta que no. Otra persona pregunta por el escuadrón de arqueros, los que han de contraatacar a los que  lleguen a asomarse por las murallas. Josué le contesta que no es necesario según el plan de Dios.
Alguien levanta la voz y pregunta quienes estarán a cargo de las catapultas. Josué sonríe tímidamente y le dice que Dios no le dio esa indicación. “Me imagino que si vamos a construir escaleras”, señala a viva voz otro israelita, pero Josué le dice que no moviendo la cabeza.
Leer: “Cualidades de una persona de éxito”, en: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2016/01/cualidades-de-una-persona-de-exito.html

             Boquiabiertos aun más, murmuraban unos a otros. Sus rostros reflejaban incredulidad claramente, era evidente que las instrucciones no eran las que esperaban para hacer frente a una ciudad amurallada. Sin tener algo más que decir, Josué les recordó las instrucciones: debemos marchar alrededor de la ciudad siete días en el orden señalado y al final, gritar tras el sonido de los cuernos de carnero y las murallas caerán.
             Siguiendo estas instrucciones sencillas, aparentemente sin sentido alguno, el pueblo de Israel conquistó la ciudad de Jericó. El secreto del éxito fue que Dios dio esas instrucciones y el pueblo, pese a ser una orden “ilógica”, obedeció.
            ¿Sabes que instrucción tiene Dios para ti, hoy?

Por Galdino Enríquez Antonio

lunes, 22 de febrero de 2016

¿Cuáles son los cuidados que debo tener con la lengua?

“Entonces dijo Moisés al Eterno: "Señor, yo nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes ni aun desde que tú hablas a tu siervo, porque soy tardo de habla y torpe de lengua.” Éxodo 4:10
            La lengua es un músculo pequeño, que “sirve para gustación, para deglutir y para modular los sonidos que les son propios”[1]. Estas son sus tres tareas principales. La lengua nos permite disfrutar de sabores mil. Es responsable de empujar los alimentos contra los dientes y de llevarlos hacia la faringe.[2]
       Para mantenerlo sano y fuerte, es importante darle el cuidado apropiado. “Para una correcta higiene en la lengua, se puede limpiar frotándola con suavidad hacia delante usando el cepillo de dientes, sin olvidarnos de las zonas posteriores donde más se acumulan las bacterias, o bien utilizando herramientas específicas como un limpiador lingual.”[3] Se estima que alrededor de 300 microorganismos visitan muestra cavidad bucal.

            Otros cuidados que debemos tener con nuestra lengua, son los siguientes:
1.- Los alimentos no deben ser excesivamente calientes o fríos en extremo. Estos pueden lastimar las membranas de la lengua.
2.- Colocar objetos en la lengua, como los pendientes, suelen dañarla. 
3.- Se debe prevenir el consumo de alimentos irritantes: condimentados, ácidos o picantes. 
4.- Es importante evitar los golpes o las mordidas. Una cortada siempre es aparatosa. 5.- Fumar propicia la pérdida de sensibilidad de las papilas gustativas.
 Junto con los labios, los dientes y el paladar duro, la lengua contribuye a la articulación de palabras y sonidos. Nos permite cantar, hablar, gritar y tararear. Es una bendición cuando emite voces de paz y sonidos armónicos. Escuchar de ella un poema de amor o un canto a la alegría nos inspira. Con ella podemos comunicarnos con Dios, alabar su nombre y bendecirlo.
            Sin embargo, el pecado ha hecho que el hombre distorsione esta noble tarea. Su uso se ha desviado muchas veces a decir mentiras, adular y dar a entender lo contrario de lo que se siente. El salmista registro esta situación con las siguientes palabras: “Habla mentira cada uno con su prójimo; hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón.”[4]
            ¿Qué uso le das a tu lengua?
Por Galdino Enríquez Antonio



[1] Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua
[2] Lengua (anatomía). Microsoft Encarta 2009.
[3] “Mantenga su lengua aseada”. Cromos_com_co.htm. Lunes, 08 de febrero de 2010.
[4] Salmo 12:2

sábado, 23 de enero de 2016

Cualidades de una persona de éxito

"Oye a tu padre, al que te engendró; y cuando tu madre envejezca, no la menosprecies." Proverbios 22:23

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, cualidad es “cada uno de los caracteres, naturales o adquiridos, que distinguen a las personas, a los seres vivos en general o a las cosas.” Una segunda definición que ofrece dicha obra de consulta es: “manera de ser de alguien o algo.”
Señalaremos cinco de las cualidades de las personas de éxito. Cada una éstas cualidades son los pilares para una vida victoriosa. Éstas distinguen a las personas triunfadoras de las que son mediocres. Permiten que sobresalgan los rasgos positivos de  carácter. Un joven de éxito tendrá estos rasgos. En esta oportunidad, consideraremos dos de estas cualidades.
            La primera de las cualidades de una persona de éxito es: ser trabajador. Dios ha dispuesto el trabajo para el hombre: “Yo he visto el trabajo que Dios a dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.”[1] Jeremías refiere que “bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud”[2]. Así mismo, el sabio Salomón menciona: “he aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno el bien de todo su trabajo…”[3]
Leer: “¿Para qué deberíamos formar equipos?”, en: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2015/12/para-que-deberiamos-formar-equipos.html
            El trabajo dignifica. Mantiene la mente y las manos ocupadas. Permite el desarrollo de los talentos. Las habilidades naturales se fortalecen cuando son puestas a trabajar. El fruto del trabajo duro hace sentir bien a quien lo realiza. A un buen trabajador no se le cierran las puertas. Al contrario, las oportunidades se le presentan con más frecuencia.
            La segunda cualidad que queremos destacar es: la rectitud. Dice el proverbista, “aún el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta”[4]. Una persona recta se distingue por ser justa. Es intachable en su conducta.
La rectitud le permite a los victoriosos no desviarse del punto hacia donde se dirigen. El rey David al preguntarse acerca de quienes morarán en el monte de Jehová, responde lo siguiente: “El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón”[5]. Ser recto es una cualidad que nos acerca al trono de la gracia.
Para conocer las otras cualidades de las personas de éxito, dar clip en: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2016/01/quien-es-una-persona-de-exito.html
Por: Galdino Enríquez Antonio




[1] Eclesiastés 3:10
[2] Jeremías 3:27
[3] Eclesiastés 5:18
[4] Proverbios 20:11
[5] Salmo 15: 1 – 2

¿Quién es una persona de éxito?

“¡Oh Eterno, sálvanos, te ruego! ¡Oh Eterno, danos éxito, te ruego!” 
Salmo 118:25

Continuando con las cualidades de una persona de éxito, tenemos en tercera instancia el ser ejemplo. Las personas exitosas se vuelven ejemplo para otras. Un deportista talentoso inspira a las nuevas generaciones. Así lo hicieron Michael Jordan y Edson Arantes do Nascimento (Pelé). Los personajes que siguieron sus ideales a favor de sus conciudadanos, hoy son figuras universales. Mahatma Gandhi y Martin Luther King son ejemplos para muchos luchadores pacíficos.

            El apóstol Pablo escribió acerca de la cualidad del ejemplo. En la primera carta a Timoteo le dice: “ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”[1]. Es una de las mejores indicaciones que puede recibir un joven que se abre paso por la vida. Y ser ejemplo para otros es una tarea divina. Jesús mismo dijo: “ejemplo os he dado”. Pablo hace referencia a que lo sigan como ejemplo, pues él hizo de Cristo su ejemplo.
            El ser diligente va más allá de cumplir con las tareas correspondientes. Ser diligente supone ser presto, activo, hacendoso, dinámico. Es ir más allá de la primera milla. Conlleva ser puntual, eficiente, aplicado, servicial, atento. Por ello Salomón aconseja que “todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, a donde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”[2].
            No está demás recordar el consejo de Pablo a los colosenses. “Todo lo que hagáis, les dijo, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres”[3]. Es esto radica el secreto de éxito. En que Dios es quien obra en nuestro favor. A nosotros nos atañe responderle con diligencia y buen ánimo.
            El más importante de las cualidades es la siguiente: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”[4]. No existe mejor etapa de la vida para hacerlo que en la juventud. Es el período en el que se ponen los fundamentos para una existencia triunfante y fructífera. Porque el Señor da la sabiduría. De él mana la vida. Si ya no eres tan joven en edad, bien puedes serlo de ánimo y de corazón joven.
            ¿Ya hiciste tuya la mejor de las cualidades? No esperes más, el Señor te dice: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”[5]. Dios te bendiga.
Por: Galdino Enríquez Antonio



[1] 1ª Timoteo 4:12
[2] Eclesiastés 9:10
[3] Colosenses 3:23
[4] Eclesiastés 12:1
[5] Proverbios 23:26 

jueves, 21 de enero de 2016

No pasa nada

“El hijo necio es tristeza para su padre, y amargura para su madre.” Proverbios 17:25
            Karla tuvo una vida sexual desenfrenada. Nunca imaginó que quedaría embarazada. Jamás pensó que, el que creía que era el amor de su vida, la abandonaría. Como consecuencia de sentirse sola, con un bebé en brazos, cayó en una depresión severa. Quiso salir de este estado de ánimo consumiendo sustancias nocivas. Tuvo otras parejas sexuales y nunca imaginó contraer enfermedades venéreas. Eso no me va a pasar a mí, repetía con frecuencia.
            Hoy enferma y débil, no tiene muchos deseos para seguir luchando por la vida. Le cuesta trabajo levantarse por las mañanas. No siente apetito. Su rehabilitación está en proceso. Sin embargo, los médicos señalan daños cerebrales severos por el consumo de grandes dosis de drogas. Su bebé ya camina y empieza a pronunciar algunas palabras. Karla se pregunta quien cuidará de él cuando ella ya no esté en condiciones para hacerlo.
            Genoveva es divorciada, vive el un departamento pequeño con tres hijos varones. Nunca sospechó que los pequeños golpes que le daba su esposo, serían muy fuertes después. Un día su esposo la maltrato tanto, que le produjo una lesión en la columna vertebral, lo que la confinó a una silla de ruedas.
            El síndrome, a mi no me va a pasar, está destruyendo la vida de muchas personas talentosas. Llenas de vida. Con futuros muy prometedores. No es el deseo de Dios que la feligresía cristiana se vea envuelta en desgracias a tan corta edad. El desea darles a todos el privilegio de la vida. La bendición del éxito está aguardando para el que siga los principios de su ley.
             “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.[1] “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrándesela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tu la hayas abrazado.”[2]
Por Galdino Enríquez Antonio




[1] Proverbios 4:23
[2] Proverbios 4:7,8

martes, 19 de enero de 2016

A mi no me va a pasar

“Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre.” 
Proverbios 6:20
A los 22 años, Ricardo, se vio envuelto por el gusto de las bebidas alcohólicas. Sus familiares lo alertaban sobre las consecuencias de embriagarse. Su salud se vería afectada en el futuro. Traería trastornos a sus órganos. Tendría problemas laborarles por su forma de beber. No va a pasar nada, decía. Una noche se embriagó tanto que perdió la noción del tiempo y del espacio. Se desvió de su camino a casa y pronto se encontró dormido en aquella ruta que se trazó.
            Lo despertó un fuerte dolor en las piernas. Al abrir los ojos vio las paredes de un cuarto de hospital. Se miró los pies y ya no los tenía. La noche anterior lo venció el sueño y cayó sobre las vías del ferrocarril. El tren pasó sobre sus pies. Hoy, a sus 42 años de edad, necesita un trasplante de riñón. Y yo que decía que no me iba a pasar nada, se lamenta. Ahora necesito de otros para poder moverme, cuando años atrás nada me detenía.
            Leer “El joven rico”, en: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2015/09/el-joven-rico.html
Joaquín gustaba de la comida rica en grasas. Las carnes rojas emocionaban a su paladar. No medía la cantidad de alimentos que consumía. Olvidó que había ciertas horas para comer y lo hacía en cualquier momento. Las bebidas gaseosas eran sus preferidas. Nunca quiso escuchar las voces que le decían: te sería mejor beber agua pura, come algo de fruta y más verduras. Él hacía un gesto de rechazo hacia esos consejos. Las frituras y golosinas eran el postre en lugar de fruta fresca.
            Pronto las consecuencias se notaron en su peso. Dejo de hacer ejercicio y adoptó una vida sedentaria. Comenzó a tener dificultades para respirar. Se cansaba con facilidad al caminar algunos metros. Un malestar general hizo que lo llevaran a revisión médica. El diagnóstico confirmado fue diabetes. El vigor físico que gozaba en sus años mozos se perdió. A mi no me va a pasar, eso es para esa gente que no sabe cuidarse, solía decir.
            Un día tropezó en casa. Eso le produjo una herida en el pie que no sanó. Se tuvo la necesidad de amputar esa pierna. Hoy visita con regularidad a su médico porque teme perder por completo la vista. Llora al recordar que su vida adulta pudo ser distinta. Su deseo de formar un hogar se desvaneció. Sus ganas de vivir no son suficientes para contrarrestar los efectos de su enfermedad.
            “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desperdicies la dirección de tu madre; porque adorno de gracia serán a tu cabeza…”[1]
Por Galdino Enríquez Antonio

[1] Proverbios 1:8

sábado, 12 de diciembre de 2015

¿Para qué deberíamos formar equipos?

“Y si alguien quiere prevalecer contra uno, dos pueden defenderse. Cordón de tres dobleces no se rompe pronto.” Eclesiastés 4:12

¿Para qué formamos equipo? ¿Para realizar actividades divertidas o recreativas? ¿Para alentar la vanidad o para estimular el crecimiento espiritual? ¿Para cumplir caprichos personales o asumir responsabilidades sempiternas? ¿Para tener charlas frívolas o para compartir experiencias de cómo Dios dirige nuestras vidas?
            ¿Con quién haces equipo? ¿Con los miembros de tu familia? ¿Con los líderes de tu iglesia? ¿Con tu pastor? ¿Con tus amigos verdaderos? Tal vez tus compañeros de clases influyen negativamente en ti; cabe la posibilidad que tus conocidos de la colonia no son un buen ejemplo a seguir. Probablemente tus compañeros de trabajo de hacen invitaciones que te alejan del ideal de Dios. ¿Con quién entonces?
            Como hijos de Dios, es menester fijarse metas elevadas, objetivos ennoblecedores, acciones aprobadas por Dios. Ir, por ejemplo, en busca de las almas sumidas en el pecado y traerlas a los pies de Cristo. Unirse a orar por los jóvenes que sufren los embates del enemigo. Hacer equipo para visitar a los enfermos y desanimados. Organizar brigadas a favor de la población menos favorecida.
            Cuando procuras hacer equipo para éstas y otras acciones, Dios bendice los planes trazados para ello. El Señor favorece la unidad entre sus herederos. Le encanta ver a sus hijos unánimes, ayudándose mutuamente, soportando sus cargas entre sí, unidos en servicio y apoyo colectivo.
            Mi invitación es que formes equipos para el avance de la predicación del evangelio, para pedir el derramamiento del Espíritu Santo en el mundo entero, para pedir sabiduría para conducirse como es debido. Trabajar por la unanimidad entre los feligreses. Emprender acciones que animen a otros a estudiar detenidamente la Palabra de Dios. Promover la comunión con la Divinidad a través de la oración.
Jesús te invita a hacer equipo con él. Un día dijo: “separados de mí nada podéis hacer”[1]. Haz equipo con Jesús, es tu mejor elección. Los que hacen equipo con él, harán mayores obras que las suyas, así lo prometió: "Os aseguro: El que cree en mí, las obras que yo hago, él también las hará. Y mayores que éstas harán, porque yo voy al Padre.[2]
¿Con quién y para qué harás equipo hoy?
Por Galdino Enríquez Antonio


[1] Juan 15:5
[2] Juan 14:12

sábado, 5 de diciembre de 2015

¿Con quién haces equipo?

“Mejores son dos que uno, porque tienen mejor paga de su trabajo.” 
Eclesiastés 4:9

            Tras la muerte de Josué, los ancianos que quedaron al frente del pueblo de Israel, consultaron a Dios sobre un asunto importante: “¿Quién de nosotros irá primero a pelear contra los cananeos?”
            “- Judá irá – respondió Jehová”.[1]
            Judá aceptó gustosamente, pero antes de iniciar su tarea de conquista, le hizo una invitación a Simeón, su hermano: “Sube conmigo al territorio que me ha tocado, y peleemos contra el cananeo; y yo también iré contigo al tuyo".[2]
Al unirse estas tribus en una empresa establecida por Dios, el Señor bendijo el trabajo en equipo. Fue un éxito luchar por el bien común. Jehová entregó en sus manos no solo al cananeo, sino también al ferezeo.
            El sabio Salomón reconoció en uno de sus dichos que: “Mejores son dos que uno”.[3] Y enumeró varias razones: primero, tienen mejor paga de su trabajo; segundo, si uno cae, el otro lo levanta; tercero, si dos se acuestan juntos, mutuamente se calentarán; y por último dice que, si alguien quiere prevalecer contra uno, dos pueden defenderse mejor.[4]
El caso de Judá y Simeón haciendo equipo, no es el único en el registro bíblico. Moisés no se presentó solo ante el faraón, lo acompañó su hermano Aarón.[5] Josué y Caleb se unieron para animar al pueblo que murmuraba tras el informe negativo de los otros espías.[6] Cuando Jonatán atacó un puesto militar filisteo, no fue solo; lo acompañó su paje de armas.[7] En cada uno de estos casos, el éxito fue contundente.
            En repetidas ocasiones, el apóstol Pablo realizó viajes misioneros siendo acompañado por Bernabé, Silas o Juan Marcos. Jesús mismo envió de dos en dos a sus discípulos a realizar tareas específicas, como: ir a buscar un pollino[8], presentarse y preguntar por el aposento alto[9]; también los envió a predicar el evangelio eterno[10].
            Al estudiar estos binomios de trabajo, descubrimos que hicieron equipo para cumplir con tareas encomendadas por Dios. En la actualidad se requiere hacer equipos para consumar las diversas labores confiadas por Dios a su iglesia.
Debemos formularnos un par de preguntas para reflexionar: ¿Para qué formamos equipo? ¿Con quién hacemos equipo?
Que Dios bendiga el equipo que has formado.
Por Galdino Enríquez Antonio

Leer “Dios llama a los niños a servirle”, en: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2015/09/dios-llama-los-ninos-servirle.html




[1] Jueces 1:1-2
[2] Jueces 1:3
[3] Eclesiastés 4:9
[4] Eclesiastés 4:10-12
[5] Éxodo 5:1
[6] Números 14:6-9
[7] 1º de Samuel 14:6-14
[8] Mateo 21:1
[9] Marcos 14:13
[10] Marcos 6:7

viernes, 4 de diciembre de 2015

Avanzando en la misma dirección

“Completad mi gozo, tened el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” Filipenses 2:2

            Vivimos en una época donde difícilmente hay unidad. Las familias se desintegran. Las empresas fracasan por la desunión de los socios. Las naciones se derrumban por falta de acuerdo entre los líderes políticos. Los deportes de conjunto reclaman unidad de objetivo entre sus integrantes.
            Las congregaciones religiosas no están muy lejos de esta realidad. Es necesario promover entre nosotros la unidad de propósitos. Que todos marchemos en una sola dirección. Que seamos un cuerpo en Cristo, para que juntos avancemos en la predicación del evangelio y juntos recibamos al Señor Jesús en las nubes de los cielos.
            Cuando los posdiluvianos decidieron unirse para construir la Torre de Babel, Dios tuvo que intervenir para disuadirlos. Esto nos enseña que en la unidad de propósitos, se lleva a los hombres ha alcanzar sueños, metas y propósitos.
            La orden que recibió Moisés frente al mar Rojo fue: “Di a los israelitas que marchen.”[1] Si la gente no hiciera caso a este mandato, solo algunos se habrían salvado. Las murallas de Jericó se cayeron porque el mandato fue explícito: “…todo el pueblo gritará a gran voz, y la muralla de la ciudad caerá.”[2] El pueblo debía actuar en unidad.
            El pedido de Ester a Mardoqueo fue el siguiente:Ve, reúne a los judíos que se hallan en Susa, ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, ni noche ni día. Yo también con mis doncellas ayunaré igualmente.”[3] Lo mismo ocurrió con el ayuno en Nínive tras el mensaje de Jonás, TODOS ayunaron.
            Tras la ascensión de Jesús al Cielo, “todos éstos (los miembros de la iglesia primitiva) perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, con María la madre de Jesús, y con los hermanos de Jesús.”[4] Más tarde, al estar unidos, descendió el Espíritu Santo en ellos y predicaron con gran poder para honra y gloria de Dios.
            Pronto el Señor Jesús vendrá en las nubes de los cielos, debería encontrarnos unánimes, orando fervientemente y sirviendo a la causa de Dios. Jesús viene por un pueblo, no es probable que venga solo por una persona. ¿Dónde quedaría la multitud como la arena del mar que vio el Apóstol Juan?
Por Galdino Enríquez Antonio



[1] Éxodo 14:15
[2] Josué 6:5
[3] Ester 4:!6
[4] Hechos 1:14

sábado, 14 de noviembre de 2015

El costo de la salvación

“El que no escatimó ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” 
Romanos 8: 32

La primera parte del relato se encuentra en “Dejó todo por ti"; dar clip en la siguiente dirección: http://gacetadebelen.blogspot.mx/2015/11/dejo-todo-por-ti.html

Al ver la pobre madre a Joaquín, prácticamente bañado en sangre, pensó lo peor. Le aplicó un torniquete para evitar, que al bajar la mano, se desangrara; le cambio también la playera que portaba, por una limpia. Sin tardarse un momento más, abordaron un taxi que los llevó a la clínica más cercana. El médico descubrió que ninguna arteria había sido alcanzada, ni tampoco tendón alguno. Tras ser anestesiado, las puntadas fueron cerrando poco a poco la aparatosa herida.
Al momento de cubrir los gastos médicos, los ojos de su madre se agrandaron y en una expresión de asombro susurró: “¡Toda la venta de esta mañana!” Joaquín no recibió regaño alguno, ni reproches y tampoco jalón de orejas. Sin decir palabra, volvieron a casa ese día. En el camino su madre lo abrazó mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla izquierda.
            Hoy, cuando Joaquín mira la cicatriz en su mano derecha, no mira únicamente un recuerdo, ve el gran amor de una madre por un hijo. Contempla, que para una madre, no existe precio alguno para lograr el bienestar de los hijos. Joaquín se siente orgulloso de la madre que tiene.
            Cuando el mundo fue envuelto por el pecado, la noticia recorrió todos los rincones del universo. Nadie le daba crédito a lo que estaba sucediendo. Sin tardarse mucho, Dios vino en busca del ser humano para hacerle saber que su rescate era una prioridad para la Trinidad. Le comunicó al hombre el plan de redención previsto desde antes de la fundación del mundo.
Cuando miro el calvario y observo el sacrificio de Dios por la raza humana, contemplo el precio que no le importó pagar para salvarla. No escatimó el gasto, ni siquiera la vida de su propio hijo por el rescate de muchos, entre los cuales estás tú y estoy yo. Cuando contemplas la cruz de Cristo, ¿qué observas? ¿Miras la muerte de un buen hombre o el gran amor de Dios por ti y por la humanidad?
El apóstol Juan puntualizó la acción divina de la siguiente semana: "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna.”[1] El apóstol Pablo resalta que Dios “no escatimó ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros”[2].
¿No te parece maravilloso? Que nunca se te olvide que Cristo Jesús dio su vida por ti, el precio más caro que se haya pagado por un rescate.
            Dios te bendiga.
Por Galdino Enríquez Antonio





[1] Juan 3:16
[2] Romanos 8:32